martes, 10 de abril de 2012

Un día como hoy comenzó la tragedia, hace 100 años La Leyenda Continua....




Maqueta del Titanic.

El 10/04/1912, el Titanic inició su viaje inaugural, desde Southampton (Inglaterra), con destino a Cherburgo, Francia, y luego a Nueva York, USA. Pero 4 días más tarde, a las 23:40 del 14/04/1912, el buque chocó contra un iceberg al sur de las costas de Terranova, y se hundió a las 2:20 del 15/04/1912.

Cuando la línea de cruceros de lujo inglesa White Starline buscó al astillero irlandés Harland and Wolff en 1908, para ordenar el más grande, más seguro y lujoso transatlántico de todos los tiempos, no había ni espacio en el obrador de la empresa para acomodar los primeros módulos de lo que se volvería el Titanic.

4 años más tarde, sin embargo, el esfuerzo de los 15.000 empleados del astillero tenía 46.000 toneladas, capacidad para 2.435 pasajeros, valía el equivalente hoy a US$ 171 millones y estaba listo para zarpar.

El Titanic era, realmente, el más grande, más seguro y confortable buque de todos los tiempos, una verdadera maravilla de la ingeniería, tal como White Starline lo había solicitado. La confianza era tal que la embarcación fue anunciada a los potenciales clientes como imposible de hundirse.

Sin embargo, en la noche del 14/04/1912, durante el viaje inaugural, el transatlántico se hundió. Y se le atribuyó un último superlativo: el de escenario de la mayor tragedia marítima del siglo 20.

100 años después del accidente que se cobró la vida de 1.523 personas, aún se discute el naufragio, como si hubiera sucedido ayer.

"Todavía nos preocupamos por el Titanic y nos importará de aquí a 500 años porque su historia dice mucho sobre la condición humana", dice el historiador y escritor inglés Tim Maltin, autor del libro 'A Very Deceiving nigth' ('Una noche muy engañosa').

Para él, la ambición de construir un barco no hundible es una caso semejante al de la Torre de Babel: personifica el ingenuo deseo humano de control absoluto frente al sinfín de combinaciones de problemas que puede crear la realidad.

"Creemos que, para evitarlo, podemos anticipar todo lo que puede salir mal", dice Maltin. "Y el desastre del Titanic es una prueba de que nunca sabremos todo".

La investigación más reciente sobre la tragedia del transatlántico trabajó en función de una serie de coincidencias y fallas que sucedieron aquella noche. Hay una serie de factores que intervienen –desde problemas estructurales de la nave hasta alineamientos celestes- pero una de las mayores novedades sería un fenómeno óptico que impidió a los miradores ver el iceberg.

Esto es lo que proponen los estudios de Maltin, después de 6 años de investigación.

En sociedad con uno de los más grandes eruditos de espejismos del mundo, el astrónomo Andrew Young, de la Universidad de San Diego, USA, el historiador británico propuso la hipótesis que los vigías en la noche del accidente, no vieron el iceberg a tiempo para dirigir la nave a causa de un fenómeno óptico causado por el clima del Atlántico Norte.

Llamado super-refracción, es un fenómeno que ocurre cuando el aire es extremadamente frío, duplica la luz emitida por los objetos en la línea de agua hacia abajo.

De ese modo, a cierta distancia, el horizonte verdadero queda cubierto por una niebla oscura, que se asemeja mucho a aguas calmas en la oscuridad.

Según Maltin, en el caso del Titanic, esa niebla cubrió el iceberg, impidiendo que los vigías lo vieran a tiempo para evitar la colisión.

"Las aguas por las que el Titanic navegó aquella noche, aunque muy tranquilas, actuaron como una especie de área de destrucción de la naturaleza", afirma el historiador. "Las diferencias de presión, temperatura y opacidad del aire se unieron para engañar a una de las tripulaciones más experimentadas de la época".

Para llegar a esta conclusión, Maltin recuperó los diarios de a bordo de decenas de buques que navegaban por las mismas aguas que el Titanic navegó aquella noche.

En la documentación, el historiador dice haber notado que muchos de los relatos coincidieron con el fenómeno de super-refracción. Se habla, inclusive, que el SS Californian, el buque más cercano al Titanic, no habría respondido a las solicitudes de ayuda del transatlántico irlandesa a causa de la super-refracción.

La ilusión óptica habría desviado los rayos de luz de los reflectores utilizados por ambas embarcaciones, que intentaron comunicarse por código Morse visual, ya que la radio no funcionó bien esa noche.

Otros estudios contemporáneos han arrojado luz sobre los nuevos agentes que pueden haber contribuido al naufragio.

Remaches mal puestos, operadores de radio desatentos, mareas altas, alineamientos celestes, variaciones climáticas y hasta llaves olvidadas se encuentran entre las nuevas sospechas.
Ninguno, sin embargo, explica por sí solo la tragedia que comenzó en la noche del 14/04, y terminó en la madrugada del día 15, con el mayor transatlántico del mundo reposando en 2 partes a 4.000 metros de profundidad.

"Tenemos 250 horas de filmación en alta definición hecha por submarinos y robots", dice el arqueólogo y oceanógrafo Bob Ballard, pionero en identificar los restos de la nave, en 1985. "Y cada vez que descendemos hasta allí encontramos novedades, especialmente en las partes interiores de la nave, donde los objetos se conservan mejor".

Todavía hay mucho para explorar y aprender en los lugares donde hoy están los restos de la proa y la popa del Titanic.

El problema es que, aunque el espacio ocupado por los restos de la nave es tratado por los expertos como sitio arqueológico, oficialmente no existe una legislación para proteger los 38,4 Km2. ocupados por los sobrantes de la maravilla de los mares.

De este modo, vajilla, vestimenta e incluso partes de la estructura del transatlántico vienen siendo sistemáticamente robados por los turistas submarinos y saqueadores de reliquias que visitan el sitio y se alimentan, directa o indirectamente, del mercado millonario de remates de este tipo de objeto. Inclusive hay quienes acuden a las bibliotecas/los stocks de quienes desembolsaron los US$60.000 que resultan el precio para visitar la tragedia.

"Comparé las fotos que tomé del naufragio en 1985 con las que tomé en  otra expedición en 2004", dijo Ballard. "Los mayores cambios fueron causados por submarinos que estuvieron allí después de 1985", explicó él.

Detener la violación de este sitio es permitir que los restos del Titanic continúen resolviendo preguntas y, a veces, incluso dando respuesta a las nuevas generaciones.

Unesco

En ese contexto, con motivo del aniversario del hundimiento del Titanic, la directora general de la Unesco (Organización de Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura), Irina Bokova, expresó su preocupación sobre la continua destrucción de los restos submarinos del buque.

Sin embargo, "Al haber transcurrido 100 años de esa fecha, está ahora protegido por la Convención de la Unesco para la protección del patrimonio cultural subacuático", comunicó la Unesco.

Los restos del Titanic yacen a 4.000 metros de profundidad frente a las costas de Terranova y, "al hallarse en aguas internacionales, ningún Estado puede reivindicar la jurisdicción exclusiva del sitio, ya que los Estados sólo pueden ejercer su jurisdicción en los navíos con pabellón nacional de esas aguas".

"Hasta ahora, el Titanic no podía beneficiarse de la protección de la Convención, adoptada por la Unesco en 2001, ya que ésta sólo se aplica a los vestigios sumergidos desde hace al menos un siglo. A partir de ahora, los Estados parte de la Convención podrán prohibir la destrucción, el pillaje, la venta y la dispersión de objetos hallados en el Titanic", explicó la Unesco. La Convención para la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático fue adoptada por la Conferencia General de la Unesco el 02/11/2001, y contiene principios básicos para la protección del patrimonio cultural subacuático.

La Convención se aplica a todos aquellos testimonios de existencia humana que tengan un carácter cultural, histórico o arqueológico los cuales han estado bajo el agua al menos 100 años. Por lo tanto, el 15 de abril de 2012 supone el momento en el que el naufragio del Titanic pasará a estar protegido por la Convención.

La protección ofrecida por la Convención de 2001 está reflejada en el International Agreement Concerning the Shipwrecked Vessel RMS Titanic (Conocido como “El Acuerdo del Titanic que todavía no ha entrado en vigor"), un acuerdo de 2003 entre Canadá, Francia, el Reino Unido y USA.

Las normativas relacionadas con la protección de los navíos naufragados de expolio y rescates malintencionados, las cuales se reflejan en el Anexo de la Convención de 2001, son similares a aquello del Acuerdo del Titanic y de las Directrices para la Investigación, la Exploración y el Rescate del RMS Titanic de la Administración Atmosférica y Oceánica Nacional Norteamericana (NOAA). 

El viaje

Philip Littlejohn, nieto del sobreviviente Alexander James Littlejohn y el único familiar de un superviviente del Titanic que buceó hasta los restos del buque en el fondo del mar, dijo estar “muy emocionado” por el viaje conmemorativo del MS Balmoral.

“Estoy seguro de que mi abuelo, que trabajaba como mayordomo de 1ra. clase del RMS Titanic, estaría orgulloso de saber que su historia será compartida con pasajeros en este crucero histórico”, destacó Littlejohn.

“Será un momento muy emotivo cuando lleguemos al punto exacto del hundimiento, donde buceé en 2001 y donde mi abuelo dejó el Titanic remando en el salvavidas 13”, agregó.
La inglesa Jane Allen, cuyo tío abuelo Tom Pears murió en la tragedia, es una de las pasajeras que pagó 6.000 libras esterlinas (€ 7.300) para sumarse al viajeconmemorativo. Los precios de los pasajes oscilan entre €3.390 y €7.265.

“No creo que este viaje sea algo macabro o tétrico. He estado en cementerios de la 1ra. y 2da. Guerra Mundial en distintas partes del mundo. Es muy importante siempre recordar”, declaró Allen.

Los familiares abordaron el MS Balmoral en el puerto de Southampton, en el sur del país, siguiendo la ruta exacta del viaje del Titanic, que colisionó contra un iceberg camino a Nueva York.

El buque pasó cerca de Cherburgo, en el noroeste de Francia, y por Cobh, en la costa sur del condado de Cork, en Irlanda.

El crucero memorial, que transporta a 1.309 pasajeros, el mismo número que llevó al Titanic hace casi 100 años, tiene previsto arribar al sitio del hundimiento durante el fin de semana, cuando se realizarán 2 ceremonias en conmemoración por los fallecidos.

Southampton recuerda a las víctimas del Titanic cien años después
10-04-2012 / 17:50 h EFE

Con una mezcla de orgullo y dolor, Southampton, la ciudad del sur de Inglaterra desde la que partió hace cien años el Titanic, recordó hoy el inicio del fatídico viaje y al medio millar de sus vecinos que murieron en el naufragio.
Una emotiva ceremonia en la que 600 niños portaban pancartas con las fotografías y los nombres de las víctimas, así como la apertura de un nuevo museo, sirvieron hoy para conmemorar el inicio de la tragedia marítima más famosa de la historia.
El accidente del lujoso barco, que se hundió cinco días después de su partida causando la muerte de más de 1.500 personas, marcó de manera especial a esta ciudad.
El 10 de abril de 1912, Southampton, entonces el mayor puerto de Inglaterra, vivió con expectación la partida del Titanic, mientras una banda de música amenizaba el acontecimiento, que congregó a cientos de personas.
Cien años después, en el mismo lugar, la terminal Ocean del puerto, y a la misma hora que el Titanic tenía programada la salida, a mediodía, un minuto de silencio recordó solemnemente ese momento.
Media hora después, un desfile de niños, acompañados de una banda de música, recorrió las calles de la ciudad, en medio de los aplausos de los curiosos.
Nick, un aficionado a la historia marítima que cuenta cómo su padre cruzó el Atlántico dos semanas antes de que zarpara el Titanic, no quiso perderse esta conmemoración y viajó hasta Southampton junto a su mujer desde el centro de Inglaterra.
"No creo que haya que hacer grandes celebraciones de un accidente como este. Es el momento de recordar los errores que se siguen repitiendo todavía, como en el caso del 'Costa Concordia'", señaló mientras revelaba, entusiasmado, que había viajado recientemente a Estados Unidos para visitar los decorados de la película "Titanic".
Una octogenaria presenciaba emocionada el desfile de niños con pancartas en las que se veían las fotografías que han podido conseguirse y los nombres y profesiones de los fallecidos.
"Evidentemente yo no vivía cuando ocurrió, pero fue algo muy duro para la ciudad y preferimos guardar nuestros sentimientos para nosotros", explicó.
Southampton era en 1912 la sede de 23 compañías de transatlánticos y, gracias a ello, la ciudad vivía un momento de esplendor económico, con la apertura de restaurantes, hoteles, tiendas y muchas oportunidades laborales.
De los 897 miembros de la tripulación del lujoso barco, 714 eran vecinos de Southampton y, de los 685 que murieron tras colisionar el buque contra un iceberg, 538 estaban empadronados en esta ciudad.
Un vínculo que se puso hoy también de manifiesto con la inauguración del museo SeaCity, que tiene como objetivo relatar "la historia no contada de los muchos habitantes de Southampton que murieron y el impacto que la tragedia tuvo en cientos de familias de la ciudad".
"Queríamos contar la relación entre Southampton y el Titanic, contar sobre todo la historia de su tripulación, ya que nunca antes ha sido contada", dijo hoy a Efe Maria Newbery, comisaria de la exposición.
Newbery recordó que tres cuartas partes de los empleados del transatlántico eran vecinos de la ciudad y el hundimiento "afectó prácticamente a todo el mundo; quien no tenía un vecino, tenía un familiar o un amigo. Fue un tragedia para la ciudad".
Una localidad, según esta experta, donde hasta cinco décadas después no se hablaba del accidente, "por el sentimiento de culpa de los que sobrevivieron".
El museo, que ha costado 15 millones de libras (18 millones de euros), relata, a través de la vida de algunos de los miembros de la tripulación, la importancia que el hundimiento tuvo para la ciudad, que cuenta con el mayor número de monumentos dedicados al Titanic.
En sus salas, a través de fotografías, vídeos y sonido ambiente se muestra cómo era la vida de esta población portuaria hace un siglo y el variopinto ambiente del transatlántico, en el que viajaban con destino a Nueva York algunos de los hombres más ricos del mundo junto a inmigrantes de toda Europa.
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Regreso a la oscuridad sin palabra


La desmesura tiene dos destinos. Su primer rostro es la senda del místico que rompe las frontera del yo y liga, o religa, al individuo con el todo. Otro destino de lo desmesurado es el hundimiento en el agua profunda de la caída. Ícaro le pidió a su padre Dédalo que le fabricara unas alas para volar. Dédalo, el constructor del laberinto de Minos en Creta, aceptó el pedido; pero bajo la condición de que Ícaro no pretendiera volar demasiado alto. Las alas fueron creadas con cera. Material cuya fragilidad manifestaba la intrínseca debilidad humana y su incapacidad para superar límites inalterables. Ícaro cayó en las fauces de la desmesura. Pretendió volar cerca del sol. Quiso violar el límite de la condición humana. Como famosamente reza el mito, las alas del humano temerario se derritieron. Ícaro entonces se precipitó en su sombra. Se hundió en las aguas del mar.
   El hundimiento del Titanic como emblemático embate del destino contra la desmesura humana es una interpretación habitual. Acertada, sí, pero quizá estrecha. El fenómeno histórico del hundimiento de hombres y navíos en el mar es mucho más complejo. La experiencia del naufragio es fuertemente polisémica. Naufragar es, en un sentido estricto, la repetida señal de la incapacidad humana para controlar el poder y hostilidad de los elementos. Pero el naufragio también habla de la naturaleza del mar y lo líquido, y de la fascinación y repulsión de la psique respecto a las profundidades.
  En los ancestrales mitos cosmogónicos, la liquidez del mar es la escena primaria de la existencia. Desde el agua aflora la diosa Eurinome de los pelasgos que parió un huevo de  plata del que luego surgió el mundo. De un océano emergió la colina primordial que es fuente de irradiación de la existencia ordenada en la mitología egipcia. En las aguas flotaba el dios hindú Visnú, la divinidad que piensa o sueña el universo. En el Enuma Elisch babilónico, antes del cielo y la tierra, era el monstruo marino Tiamat que custodiaba un oscuro océano.
  El agua que late en el origen es fuente de la existencia y, a su vez, es el caos que preexiste a la realidad ordenada. Aun cuando el agua se integre a un cosmos, conserva su impronta arcaica anterior al orden.
  La cólera del mar es el signo más visible del regreso de lo líquido a lo caótico previo al mundo del orden y la ley. Las tormentas en altar mar crean furiosos puños de olas. El viento, con sus dagas silbantes, contribuyen a la desaparición del océano calmo y al regreso al mar caótico. La Eneida virgiliana comienza con una gran tempestad. En la cultura grecorromana nació una tradición literaria que se expandió a Ovidio, Tíbulo, Propercio; o a Horacio, que destestaba el "oceáno dissociabilis", el mar que separa a las naves de una flota o a los hombres doblegados por los chicotazos de la borrasca marina. Para esta tradición el mar expresa todo su poder y su verdadera esencia durante las tormentas. El océano enojado, el caos líquido ostensible y violento, ejerce una poderosa fuerza de sustracción. Sustrae a los hombres de sus sueños de autosuficiencia; los sustrae del olvido de la condición ingobernable de la naturaleza.
  Pero, ante todo, el océano es el lugar enigmático por excelencia. El saber humano no puede arrebatar sus secretos. En el siglo XVII, se repetiría hasta el cansancio que Aristóteles se había suicidado por no haber resuelto la cuestión de las corrientes del Euripo. Aún hoy, el movimiento del agua por el globo terrestre no es comprendida plenamente.
  En las cultura antiguas, la tierra es pensada en relación a la acción modeladora del océano. Estrabon escribía: "Es sobre todo el mar quien perfila la tierra y le da su forma, modelando estrechos, istmos, penínsulas y cabos". No sólo el mar abriga la tierra y esculpe sus costas. También, desde el seno de la mitología y literatura clásicas, lo caótico, incontrolable y enigmático del mar se extiende al litoral, a las playas. En las costas viven los monstruos Escila y Caribdis. En el Telemacos las riberas son escenarios de repetidos naufragios, llantos, y despedidas desgarradoras.
 La tierra contorneada por el mar es, por lo tanto, lo que existe dentro de lo líquido. No sólo las olas, también el enigma del mar modela y muerde lo terrestre. La profundidad y amplitud del mar es ejemplo paradigmático de lo no comprendido, lo no sabido. Es el refugio ideal de la realidad como enigma. El descenso violento del navío naufragado es, entonces, una posible forma (no la única) de regresión simbólica a la oscuridad enigmática de lo real.
  A pesar de su espectacularidad, el mortal descenso del Titanic al frío lecho y del Atlántico del Norte no es un hecho histórico singular, único. El lujoso transatlántico hundido repite el doloroso regreso a las profundidades de la realidad fuera de ley y el orden humanos. El hundimiento como forma de regreso a lo enigmático ingobernable. El naufragio como figura arquetípica o símbolo está fuera de las preocupaciones del pensamiento académico tradicional o de la interpretación de lo histórico como encadenamiento de procesos políticos, económicos, filosóficos-científicos. Pero el pensar que no lo elude lo desacostumbrado puede vislumbrar el naufragio como categoría arquetípica general. El naufragio como regreso a la oscuridad marina, ajena a nuestro común deseo de conocimiento de un mundo ordenado de fenómenos.
  Todos los naufragios son repeticiones del naufragio arquetípico. Una reflexión que permite trascender la interpretación corriente del Titanic como desmoronamiento de la arrogancia de una triunfante burguesía mercantil e industrial. 
  El naufragio como regreso al enigma líquido previo al orden no puede desligarse tampoco de la fascinación ambigua por las profundidades. La colosal recaudación generada por la versión cinematográfica de James Cameron de la historia del Titanic evidencia la fascinante atracción que sigue provocando el naufragio del barco de la White Star. Sin necesidad de una demostración racional, la psique colectiva intuye en el hundimiento del gran transatlántico un hontanar de significados. Esta caliente profusión de sentido atrae y fascina. Fascina la teatralización marina de la caída del hombre presuntuoso; fascina la destrucción en la noche, el puñal helado del témpano clavado en un flanco del arrogante y flotante bólido marino. Pero quizá, la más discreta y fuerte fascinación proceda de la ruptura de la historia como narratividad previsible. El Titanic era el centro de una narración segura: el barco que abandona el puerto; atraviesa el mar sin zozobras, con seguro y altanero paso. Unos pocos días después, llega entre gritos de alegría a Nueva York. Todos estos eran los momentos de una narración ya consumada. Eran los instantes de un relato seguro e inmodificable. El inesperado hundimiento libera a la historia como narración; le concede el poder de bifurcarse hacia lo imprevisible. El Titanic hundido como consumación de la imposible restituye a la historia su capacidad de narración incierta y trastocable; de una historia preñada por una potencialidad explosiva y sorpresiva. Los hechos planificados pueden así saltar con audaz enfado hacia lo inaudito. Esta transgresión de la narración segura, ya cerrada de antemano, fascina. Fascina la recuperación de la narración que se sale de sí y se escribe fuera de lo que debería ser.
  Pero aquí la fascinación encantada se disuelve. Lo que quebró la narración segura fue un hundimiento: la salida de la superficie que contiene para regresar a la oscuridad que anula el relato del hombre como soberano, como sujeto dominador de los fenómenos. 
   Más allá de su posible dimensión simbólica, el naufragio siempre es una violenta devastación de lo humano. Su realidad más empírica e inmediata es, en numerosos casos, la desesperada muerte del ahogado, la macabra y solitaria inmersión en el mar inmisericorde. Con un espanto acaso imposible de imaginar, el navío y la víctima humana del naufragio regresan a la profundidad del mar. A la oscuridad líquida que simboliza la realidad como un enigma más hondo que las palabras. 
  La mente del hombre medio occidental es educada para ignorar la realidad que desconoce el lenguaje verbal. Los desiertos, las montañas ásperas, los hielos polares, los bosques y selvas intrincados, existen sin escuchar ni torcerse ante nuestras palabras. Sólo reconocemos la realidad nombrada. El espacio definido por los ordenadores conceptos de la cultura. Pero, hay pliegues de lo inconciente donde no alcanza el hierro de la educación a dejar su marca. Ciertos hechos pueden restablecer la comunicación de la mente ya modelada con ese trasfondo oscuro. El hundimiento del Titanic despierta el recuerdo de la realidad que existe libre del aguijón clasificador de las definiciones, de las palabras. Esa realidad como profundidad que no escucha el tejido de palabras mediante las que la cultura expulsa lo enigmático ingobernable. La profundidad silenciosa. El naufragio del Titanic y de todos los naufragios como el hundimiento que reaviva el simbólico regreso a la profundidad de la realidad como oscuro silencio prehumano. Regreso al abismo como  zona silenciosa y arcaica y olvidada por la conciencia.
   La evocación del hundimiento enciende el temor ante el seno misterioso del mar como metáfora vivaz de la oscuridad enigmática. Que acaso fue nuestra primera casa. La fuente, el origen de lo que vive y aun de lo que muere. Esa primera casa acaso del vientre maternal y cavernario, de la interioridad profunda y no visible de la materia. Esa primera casa que siempre sigue allí. Y que la mente moderna y occidental sólo entreve, turbiamente, en el hundimiento de un desgraciado trasatlántico.

Dra Monica De Luca - Mayta Pacha

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